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................................(proverbio altermundista)

martes, 12 de agosto de 2014

Ébola, Tercer Mundo y España



Ébola es el nombre de un pequeño río africano -afluente del río Congo- en el que se identificó por primera vez el virus en 1976. La enfermedad, una fiebre hemorrágica hasta el momento sin cura, es altamente contagiosa y con una mortalidad de hasta el 90% entre las personas afectadas.
Los brotes epidémicos de la enfermedad afectan a países del África subsahariana como Níger, Nigeria, los dos Congos, Liberia, Guinea Conakri, Sierra Leona...

Para la mayoría de la población española era una enfermedad desconocida, hasta que se conoció que debido al actual brote había varios enfermos ingresados en el Saint Joseph’s Catholic Hospital de Monrovia, la capital de Liberia, regido por religiosos españoles de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, y con el que colabora desde hace años la ONG Farmamundi.
La enfermedad ha terminado por afectar al padre Miguel Pajares, español de 75 años, que tras el traslado efectuado por el gobierno español ha fallecido lamentablemente hoy, 12 de agosto, en el Hospital Carlos III de Madrid.

El traslado de Miguel Pajares -y de la la hermana Juliana Bonoha (de origen guineano y nacionalidad española) ha sido una operación de propaganda ejecutada por el gobierno español para recuperar algo de apoyo popular, hundido en los últimos meses tras recortes y más recortes sociales, como se ha visto en las elecciones europeas.

Una operación
- surrealista: el tralado se ha efectuado en un avión de pasajeros con los asientos forrados de plástico (¿no hay un avión medicalizado en toda España?)...que resultó ser el Airbus "air force one" de Rajoy. 
- nada transparente: ¿cuánto ha costado el traslado a España del religioso?
- discriminatorio (¿o racista?): la hermana Chantal Pascaline, negra y congoleña, falleció tras negrarse el gobierno español a trasladarla.
- y poco preparada, como se ha visto por las declaraciones de varios responsables públicos en torno a si se cobraría a la orden religiosa los gastos del traslado. Como única medida positiva, se ha logrado alejar a la ministra de Sanidad, Ana Mato, de los medios de comunicación (y se ha vuelto a la playa en medio de la crisis), lo que ha evitado varias meteduras de pata, vista su locuacidad incoherente.

La pregunta que algunos nos hacemos es: ¿si el traslado ha sido evaluado en 1 millón de euros, cuanto destina anualmente España al país afectado, Liberia? Pues según el ministerio de Asuntos Exteriores, 1,2 M € en 2012, tras la llegada del actual gobierno, un 90% menos que en los años anteriores. Esto nos da una idea del cinismo e hipocresía con que actúan determinados gobiernos.
El revuelo por el posible cobro ha echado por tierra la operación de propaganda del gobierno español, que ha continuado con la solicitud a Estados Unidos (cuyo Ejército ha financiado el desarrollo del medicamento)  de algunas dosis del tratamiento experimental, ZMapp, una combinación de anticuerpos sólo sólo ensayada en animales y no probada en humanos, por lo que su aplicación al español Miguel Pajares arroja varias dudas éticas, obviadas en esta operación de propaganda.

Descanse en paz el padre Miguel Pajares, con cuyo óbito se cierra de momento este episodio lamentable que ojalá concience a la ciudadanía española para  exija al insolidario gobierno español de Rajoy y PP que su atención al Tercer Mundo no se centre únicamente en operaciones de propaganda y aumente su ayuda oficial al desarrollo (AOD) , que desde su llegada al poder se ha desplomado a niveles de hace 20 años.


viernes, 11 de julio de 2014

Sentencia del caso BIO-BAC. ¿Burla o incompetencia?





En una entrada anterior, hablábamos de la finalización de la instrucción del caso del falso anticáncer y anti-sida denominado Bio-Bac.
Lamentablemente, el caso, que juzgaba la venta y distribución de estos productos en los años 80 y 90 del pasado siglo XX, se salda con penas menores (cárcel de 4 meses, es decir, NADA).

No hay delito contra la salud pública, ni estafa...y el único hecho condenable es el "mal etiquetado". Una burla a la inteligencia o un caso de incompetencia de la administración que las autoridades sanitarias deberían aclarar.
Hace poco veíamos grandes alharacas y avisos graves de la policía y ministerio de Sanidad ante el desmantelamiento de una red que se dedicaba a comercializar medicamentos legales españoles hacia países del norte de Europa en lo que se llama "comercio paralelo", basado en los bajos precios -incluso por debajo de 1 €- que tienen algunos medicamentos en nuestro país. Se avisaba de graves penas, y fuertes multas a faramacias y distribuidoras farmacéuticas por el ejercicio de una actividad permitida, promovida y alentada por la Unión Europea.

Frente a esto, en la sentencia del caso Bio-Bac se salda con penas mínimas por "mal etiquetado" y otras cuestiones menores, un resultado que debería avergonzar a las autoridades judiciales y sanitarias de nyestro país, que pasan por alto las posibles muertes de personas que abandonaron sus tratamientos ortodoxos y confiaron en los vendedores del BioBac, apenas una mezcla de proteínas sin valos.
Si esos cambios de tratamiento se produjesen por propia iniciatava, como el caso de Steve Jobs, el gurú de Apple, que se confió en curarse del cáncer de páncreas dedicándose al budismo, no tendría problemas, pero si fueron engañados por alguien que les prometía el Sangri-Lá de la vida, alguien debería pagar por ello.
Pero así andamos...

miércoles, 19 de marzo de 2014

BIO-BAC, desesperación y fraude


Hace dos días se reactivó el caso BioBac: el fiscal pide cinco años de cárcel -una cosa seria- para los acusados de vender un  falso medicamento anticáncer, doce años después del inicio del caso.

En efecto, en 2002 se desarrolló la operación Brujo, mediante la cual las fuerzas del orden, con un despliegue de 200 agentes detuvieron  a 23 personas acusadas de fabricar, comercializar o distribuir un supuesto medicamento milagro denominado Bio-Bac.
¿De qué se trataba? Un farmacéutico cordobés, Fernando Chacón Mejías comenzó a vender en los años 70 del pasado siglo en su farmacia de Córdoba una fórmula magistral  preparada por el; se trataba de un producto, que denominaba autovacuna que incluso los médicos de la zona prescribían en recetas oficiales, y que la Seguridad Social pagaba a las farmacias. Hasta aquí todo normal...estamos hablando de hace 40 años.

Con el paso de los años, y modernización de la Farmacia y Sanidad españolas -leyes de medicamento de por medio- se fueron eliminando miles de medicamentos, pues de eso se trataba, que eran dañinos o de eficacia no demostrada. Pero, durante los años 80 y 90, el descubridor del producto y su hijo, Rafael Chacón, siguieron fabricando y distribuyendo, ya a mayor escala, ese producto, reclamando que curaba "el cáncer, el sida, la hepatitis y otras enfermedades". ¡Todo un milagro, claro!
Sanidad tardó en intervenir; por un lado el producto no parecía ser dañino, pero por otro había que impedir que personas desesperadas (pensemos en los enfermos de sida hace años y sobre todo los de cánceres incurables) caigan en el engaño de personas que le prometen curar su enfermedad. Así se llegó en 2002 a la operación Brujo...y la justicia como siempre tarda una inmensidad -¡12 años!- en instruir las causas judiciales.

Durante este tiempo hubo manifestaciones de afectados, entre los cuales estaban personas relevantes...pero esto no da más legitimidad a la causa. Muchos recordarán lo sucedido no hace mucho con Steve Jobs, el mago de Apple, fallecido de un cáncer de páncreas en 2011, pero que durante años se negó a tratarse con la medicina ortodoxa, dedicándose a prácticas alternativas basadas en el budismo, religión de la que era devoto...lo que no mejoró su salud precisamente

En efecto, la desesperación hace que uno se agarre a un clavo ardiendo, pero las autoridades están en su papel de exigir que si alguien pretende fabricar un medicamento, que los haga demostrando los 3 requisitos clásicos: calidad, seguridad y eficacia. Si alguien no demuestra esto pero llama a su producto medicamento (¡y además para enfermedades tan graves!) está cometiendo un fraude y un delito tipificado. Ya el presidente de los oncólogos españoles calificó en 2002 a este producto de "fraude", y el colegio de Médicos de Córdoba de "curanderismo".
Si alguien quiere vender un producto como alimento que "ayuda en las defensas" es muy libre de hacerlo; ahí está el caso de los productos Bio, del Actimel...etc., pero engañar diciendo que cura el cáncer son palabras mayores. Y no estamos para esas.

Con todo, siempre hay lugar para las teorías de la conspiración, y personas que viven de ellas y de escribir sobre ellas, pues las opiniones son libres.


miércoles, 29 de enero de 2014

Farmacéuticos y felicidad



Es una tendencia creciente en España que determinadas empresas de servicios realicen estudios y encuestas en relación con su ámbito de actividad, con el objetivo de asegurarse presencia en la prensa y redes sociales. Así, hay estudios sobre los comportamientos sexuales, los hábitos de ocio, los mejores lugares para trabajar, etc.

En estos días pasados, una empresa de gestión de recursos humanos ha publicado un estudio sobre la felicidad en el trabajo, o por decirlo de otra forma, sobre quienes son los profesionales más felices en el trabajo: IV ENCUESTA ADECCO sobre LA FELICIDAD EN EL TRABAJO:
El resultado del estudio es que los profesionales más felices son -por este orden- los bomberos, los maestros y los farmacéuticos, seguidos de ingenieros y periodistas.
Despejamos previamente alguna duda sobre que podemos entender por "farmacéutico", pues son varios los ámbitos de trabajo en que pueden actuar estos profesionales, y entenderemos que se refiere al trabajo en oficina de farmacia.


¿Qué tienen en común las tres primeras profesiones de la encuesta? Pues que se trata de profesiones en los que hay un contacto directo con personas, algo que cualquier psicólogo sabe que produce satisfacción en el trabajo (compárese con el trabajo de un informático u otro profesional frente a un ordenador ocho horas al días); pero además, se trata de tres profesionales que se dedican a servir a los demás: los bomberos ayudan a personas en situaciones complicadas o incluso graves; los maestros enseñan a niños y les ayudan  a formarse (entendiendo que se trata de maestros de niños con edades menores de 12 años; opino que los que se dedican a la formación de escolares de la ESO, niños adolescentes 12-16 años,tienen otras insatisfacciones).
Por último, los farmacéuticos y farmacéuticas que trabajamos en oficinas de farmacia estamos en contacto con enfermos, muchas veces de edad avanzada, a los que dispensamos sus medicamentos con receta, aconsejamos otros para síntomas menores en los que cada vez más está prohibido ir a los centros de salud, aclaramos sus dudas con paciencia y sin prisas y además hacemos de paño de lágrimas de dolencias y y quejas.

Todo ello, al final del día hace que más allá del resultado económico de la actividad profesional, más allá de los disgustos que ocasionan las autoridades sanitarias, más allá de problemas de gestión y otras dificultades, los profesionales farmacéuticos se vayan para casa respirando hondo y en muchas ocasiones satisfechos de haber podido ayudar a una persona.

Esto se refleja después en las encuestas, en los que los ciudadanos nos sitúan entre las personas en las que más confían, tanto de los ciudadanos como de los inmigrantes recién llegados (!). De hecho es una expresión común la de "mi farmacéutico de confianza", todo una definición.
Algo de eso debe haber, pues según el informe el  92,9% declara sentirse feliz en su trabajo
Por ello, no debe  sorprender su inclusión en esta lista de profesionales felices, que es cierto que en ediciones pasadas destacó también a otros profesionales sanitarios como médicos y veterinarios, cercanos también al dolor y a la enfermedad.
Hay diferentes formas de ser farmacéutico, y a ello se dedica un reciente libro así titulado, que explora esas diferentes facetas de actuación que en ocasiones están lejos de los sueños y dificultades de los alumnos de las facultades de Farmacia; esta encuesta quizás les ayude a comprender mejor la profesión a la que quizás en el futuro se dediquen, y a que los que ya la practican, se sientan reconocidos.